domingo, 30 de junio de 2013

Irse y quedarse

Fotografía: Octavio Sasso


Briamel González Zambrano

Irse
Irse implica trámites legales, fiestas de despedida, empacar la vida entera en dos maletas de 24 kilos (y el equipaje de mano que puede sumar otros 10 kg), abrazar fuerte a tus afectos y…¡zas! montarte en ese avión con las piernas flojas, un tarugo en la garganta  y los sueños salivando en la cabeza.

Antes de todo lo anterior también está el momento de tomar la decisión que, en muchos casos, es: LA DECISIÓN.  Análisis de la economía, de la situación-país (es), de los titulares de los periódicos, de tu momento vital, de si tienes fecha para regresar o firmas esto con un sello grandote de PARA SIEMPRE.  Aunque, claro, todo sabemos que los parasiempres son complicados y están en vías de extinción. Algunos prefieren tener el cartel que cuelgan en algunas tiendas: “Nos fuimos por remodelación, pero esto es un ratico. Volvemos en 5 minutos”.

Finalmente aterrizas en el aeropuerto de turno donde se habla con otro acento o en otro idioma, que a veces es lo mismo. Llamas a tu casa para decir que has llegado bien, aunque el jet lag te esté taladrando los párpados y tu cuerpo te pregunte: “¿Dónde estamos, mija? ¿Qué frío es este, pues? (Sí, mi cuerpo habla como yo. A veces con acento guayanés, a veces caraqueño y así). 


Llegas y sabes que todo ha cambiado para ti. Bueno, no lo sabes, te vas enterando según pasan los días. Tienes otro código postal,  número de teléfono,  clima y el cielo es distinto. Tú, poco a poco, lo irás siendo también. 


 Quedarse
Es una obviedad, pero antes de irme, pertenecí al grupo de los que se quedan. Es decir, desde hace diez años estuve en la organización de despedidas, fui a la repartición de bienes (los amigos dejan en herencia algo suyo que te gustaba o alguna cartita para que la abras cuando ya se haya ido).

Viví el momento agridulce de los adioses y las manitos moviéndose en la puertita de Maiquetía. Y a partir de ahí un ritual casi luctuoso: subir conduciendo por la Caracas-La Guaira y sentir un latido en el estómago. Secarte las lágrimas mientras esquivas a un motorizado. Regañarte por cursi. Darle play para que Juan Luis Guerra te cante algo alegre. Ver el mar por el espejo retrovisor. Borrar sus números de teléfono. Pensar que en tus próximas vacaciones irás de visita (si tienes la visa al día, si ahorras lo suficiente, si Cadivi te deja, si tienes las tarjetas de crédito livianitas). Saber que en su próximo cumpleaños hablarás por skype si hay suerte y el cambio horario lo permite.
Irse y quedarse. Quedarse e irse. Ambas dejan ese hueco en el pecho y a los afectos repartidos.
Para recordar el momento-Maiquetía siempre tengo Sabana de Simón Díaz. No hace falta ser del llano venezolano para que sus versos te acribillen:
  “Aquí me quedo contigo/ aunque me vaya muy lejos/como tórtola que vuela/ y deja el nido en el suelo/
 Se me aprieta el corazón no ver más tu amanecer/ ni el cimarrón ni la mata/ ni la garza que levanta/ con el cabestro te dejo/ amarrados mis amores/ gota a gota que te cuente/ mis penas el tinajero/

(…) mañana cuando me vaya/ te quedarás tan solita/ como becerro sin madre/ como morichal sin agua”.




19 comentarios:

  1. ojala el cartel de volvemos en un ratico, pudiese estar colocado y darle la vuelta de vez en cuando...sea alla...aqui..o en donde estemos, el problema es que no siempre la gente que entra es la que recordamos...me quedo con, aqui me quedo contigo, aunque me vaya muy lejos...besos Rorra"""

    ResponderEliminar
  2. Es aniquilante ese verso: "Aquí me quedo contigo/ aunque me vaya muy lejos!". Que siempre haya buenas razones para verse. No importa si en Vigo, Madrid, Caracas, París, Puerto Ordaz, Londres. En todas esas ciudades donde hemos reído juntas sin parar. ¡Gracias por pasar por aquí, querida!

    ResponderEliminar
  3. Hablando de irse, debería haber un post promocional de tú amiga querida experta en hacer maletas, en donde logra poner en dos maletas y una de mano toda una vida...jajajaja besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Claro que escribiré de tu forma de hacer maletas. Todo llega. Calma. Gracias por pasar por aquí. Muak

      Eliminar
  4. Me encanta que escribas un blog! Soy tu fan de siempre y, por cierto, no pudiste darme más duro que con esos versos... Te quiero!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Más fan tuya soy yo. ¡Arriba la bailaora! ¡Arriba!

      Eliminar
  5. Mucha preparación, pero más que nada, mucho valor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Carol, gracias por pasar por aquí. Sabes perfectamente lo que es la mezcla de aeropuerto y lágrimas. Abrazo

      Eliminar
  6. Hola Briamel!!! tiempo sin saber de ti.. y te encuentro gracias a este Blog... te deseo el mejor de los Exitos...me encanta tu forma de escribir... muy ligera, las lineas se pasan volando y te lees todo el texto sin darte cuenta....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué gusto verte por aquí. Gracias por la visita. Espero que sigas pasando porque vienen muchas historias más. Algunas de nuestra natal Puerto Ordaz. Abrazo

      Eliminar
  7. Desde ahora seguidor de tu blog. Max Römer

    ResponderEliminar
  8. Este país tiene tantas historias sobre el irse pero también tantas sobre el regresar... Bonito de tu parte abrir la puerta del cuarto de los peroles, no todo el mundo se atreve porque siempre hay cosas allí que dan como penita, jeje. Te estaré leyendo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. También contaré esas historias de quienes regresan. Así que atenta doña Gaby.

      Eliminar
  9. Mi Negrita adorada, el consuelo que te puedo dar a ti y a la gente que decide irse de este país es que nosotros los Venezolanos cuando queremos a alguien como yo te quiero a ti no importa cuantas maletas se lleven ni cuanto tiempo estén fuera siempre, siempre los vamos a querer con todo el corazón y nunca los vamos a sentir lejos. TQM

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Quererse con todo el corazón, eso es quererse. ¡Gracias Jorge!

      Eliminar
  10. Que bueno tu blog Bria!!! Tu post es sobre una realidad que era desconocida para los venezolanos, pero que en mi caso, he vivido muy de cerca pues -como sabes- vengo de una familia de inmigrantes. Esta condición (que curiosamente heredamos los hijos, aunque no fuimos inmigrantes) hace que permanente se respire esa tristeza por lo que se dejó, por aquello que quedó atrás, por la familia que no se tiene. Al final final queda muy claro que toda elección implica una pérdida. Pero también vivimos con enorme entusiasmo el maravillarnos por cada cosa nueva que encuentras, porque hay una manera distinta de ver la realidad del lugar al que llegas. Ahora con las redes sociales se acorta la distancia... besos, se te quiere

    ResponderEliminar
  11. En mi caso, me siento muy identificado con este poema de Salman Rushdi (solo lo tengo en inglés, sorry).
    Exile is a dream of glorious return…
    It is an endless paradox: looking forward
    by always looking back. The exile is
    a ball hurled high into the air.
    Salman Rushdie

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. "It is an endless paradox: looking forward/ by looking back" ¡Guao! Gracias Eduardo.

      Eliminar
  12. Es así, irse es quedarse para siempre, mi querida Briamel

    ResponderEliminar