jueves, 22 de agosto de 2013

Neverland


Briamel González Zambrano

Cada vez que vienen de visita a Madrid amigos que residen en Venezuela se me alborotan los recuerdos, los personajes y las preguntas. Los interrogo sobre todo: cómo están los panas, los hijos de los panas, los precios de las cosas y los salarios (un evidente ejercicio de masoquismo), los cambios en las ciudades, el estado de las playas, hasta por el tipo del estacionamiento que me saludaba siempre: "¡Adiós, flaca-reportera!". Pretendo, pues, que me hagan una fotografía de aquello.

Ellos, que suelen venir a despejarse, a montarse en trenes y conocer sitios nuevos, me ven con cara de cansados, pero me dan algunas pinceladas. Hablamos durante horas como radios fiados. Nos acordamos de fulano y mengano. Reímos. Yo les muestro la ciudad (tour Madrid By foot by Bria, lo ha bautizado la visitante más reciente). Así pasamos los días hasta que les toca irse.

Confieso que este ritual me repotencia. Es el “vamos a echarnos los cuentos” que hicimos siempre, antes de que el Facebook se convirtiera en el telediario que nos cuenta las novedades en la vida de los amigos y de aquellos que no lo son tanto. Sin embargo, es rudo escucharlos hablar con rabia de la inseguridad, de la inflación, de las peripecias que hacen para rendir el dinero y para vivir con cierta tranquilidad.

Sin duda, la respuesta más dura que he recibido a mi cuestionario me la dio un amigo que me visitó el invierno pasado. Estábamos en un bar del centro. Él tenía una copa de vino casi vacía en la mano, la puso con fuerza sobre la mesa, me miró a los ojos me dijo: “Óyeme bien y que no se te olvide. Ese país que recuerdas, ese que añoras…ya no existe, no está, no es. Aquello es otra cosa. Una mierrrrda grandotota. No sigas preguntando porque no te va a gustar lo que vas a oír”. Tragué duro. Me ajusté las gafas. Le pedí otra ronda al camarero y nos quedamos en un incómodo silencio, como de ascensor, como de funeraria más bien. Aquello fue como un portazo a todas mis curiosidades.

La verdad es que no me la paso diciendo que vengo del “mejor país del mundo, el lugar más hermoso del planeta”, ni me jacto de que: “los venezolanos son las personas más solidarias y buenas del universo”. No repito esos lemas que quedan bien para folletos de turismo, pero que los periódicos demuestran que en buena medida están desapareciendo. Tampoco hago lo contrario. No hablo pestes del país. Me salen palabrotas, quizá, cuando pasan cosas terribles. Me hierve la sangre, sí. Sin embargo, me di cuenta de que evito hablar del tema a menos de que alguien me pregunte y entonces le asesoro en materia de viajes, de gastronomía, folklore y hasta en las palabras que debe utilizar y las que no debe decir si va para allá.

Una amiga que vive en Nueva York y que se caracteriza por un sentido del humor desternillante me escribió hace poco a propósito del blog y me dijo: “Desde hace mucho tiempo le digo a la gente que yo vengo de un lugar que ya no existe. En inglés es fácil porque digo Neverland, como Peter Pan”.

 Hoy,que he leído el reportaje de mi amiga Laura Weffer sobre los asesinatos de niños en los barrios del país, me pregunto qué ocurre. Qué sociedad es aquélla. Qué nos pasó. Coincido con el concepto de Neverland, vengo de un país que ya no existe. 


16 comentarios:

  1. Y lo peor, es que no sabemos si alguna vez volverá a ser como antes... lo que dicen todos es que quizá no lo vivamos los de nuestra década... que quizá seamos como muchos de los padres españoles de nuestros amigos. Esos que cuando se les dio la oportunidad de volver se niegan a hacerlo...

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  2. te falto decirme, maracucha te envió esto que molleja de bello.
    Neverland... directo al corazón

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  3. Esta tierra no es mi tierra y mi tierra ya no es mi tierra. Nostalgia de una tierra que ya no existe...

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  4. Neverland es el país de mi infancia, donde los niños podían jugar en la calle hasta tarde, se podía pedir un aventón sin temor a que a uno lo secuestraran, violaran o asaltaran... Un país en el cual los extranjeros se sentían tan nacionales como los nacidos allí, donde un adeco era compadre y mejor amigi de un copeyano (seguidores de dos partidos opositores, uno de centroizquierda y otro de centroderecha) y en el que se respetaba la opinión del otro. Lástima que eso se acabó, y pasarán muchos años antes de que se pueda tener la esperanza de recuperarlo. Yo me siento extranjera en mi propio país, lo cual es una verdadera lástima...

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    1. Conservemos una esperanza, Lando. Aunque sea mínima. Muak

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  5. Briamel, leí el reportaje al que haces referencia y se me espelucó hasta el alma... Duele más ahora que soy mamá, no lo niego. A pesar del esfuerzo como éste que tantos periodistas hacen por hacer despertar al país del letargo con dosis y sobredosis de realidad, nada pasa. Yo siento que hemos caído en un hueco negro que nos chupa hacia abajo, en una especie de dimensión desconocida... Y la verdad es que los venezolanos en el exilio y los que no son venezolanos pero tienen interés en lo que pasa en el país lo ponen a uno en una posición muy difícil cuando le preguntan por "la situación" porque uno ya no sabe ni dónde está parado ni mucho menos adónde va. Y cuando preguntan "y qué va a pasar ahora?" provoca como morirse. Muy atinada tu amiga con lo de Neverland. Quizás, algún día, el país se reinventará y encontrará algo más que decir de sí mismo.

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    1. Reinventemos, Gaby, reinventemos. Gracias por pasarte y por leer el reportaje. Es durísimo, crudo y un reflejo de una realidad que muchos se niegan a ver.

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  6. EXCELENTE REPORTAJE, DA MUCHA TRISTEZA VER HASTA DONDE HEMOS LLEGADO, PERO SIEMPRE HAY UNA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL, YO TENGO FE EN DIOS Y LA VIRGEN QUE ALGO BUENO VIENE PARA NUESTRA QUERIDA VENEZUELA SALUDOS A TODOS ESOS HERMANOS EN EL EXTRANJERO

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  7. Neverland, más claro imposible!!!, recuerdo también la frase que repite mucho un gran amigo, que por Ironías de la vida se ha tenido que regresar("por ahora"), "el último que salga que apague la luz"...lo que pasa es que lamentablemente no todos pueden salir, y duele mucho cuando nuestros"grandes afectos" son los que deben quedarse ahí...y para rematar con mas frases "robadas", te dejo una frase que repite Gualberto en una de sus maravillosas canciones "lo que un día fue, no sera... no tengo nada que darte..."

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  8. yo me quedé en el país del 14 de octubre de 2009, pero añorando el país de los 80 donde crecí, ese de la revolución de la inteligencia, del método de aprender a pensar de Luis Alberto Machado, el del 1x1 de la música, el de la gaita que protestaba sin censura, aquel donde ibas al supermercado y había azucar, café y mantequilla, aquel donde había empleo, progreso y más seguridad, aquel que se quedó en mis fotografías del archivo de 20 años de feliz profesión, aquel del que estoy desterrada.

    Neverland solo está en nuestros recuerdos, y mejor no sigo que voy a llorar

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    1. ¡Primero que nada, no me llore, caramba! Y segundo, gracias por los recuerdos compartidos. Un besito

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  9. Hola Bria, gracias por tu nota. Espero recibir algún día tu tour, y espero también darte mi parte de guerra con algo más de esperanza, que la tengo (si no, no me quedara aquí). Cierto que nunca será el país que era, como tampoco nosotros seremos alguna vez los mismos. Mi compadre Arturo Sosa me dijo una vez que el país, en este momento, experimenta lo que una caña en un trapiche: del otro lado nunca saldrá otra caña, sale otra cosa. Es decir, está en transformación y cambio. No sabemos si para bien o para mal. Lo que es obvio, es que hay otras cosas que han cambiado para bien, la clase media que se interesa más por la política, por ejemplo, solo por nombrar algo. Creo que el país que era, tampoco es el ideal que guardamos en la memoria...

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  10. Hace poco tuve que escribir una extensa carta y casualmente, refiriéndome a Venezuela, la describí como: "la extinta República de Venezuela, un país que ya no existe más que en mi memoria y en la de algunas personas más". Gracias a tu blog ya sé dónde están esas personas.

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