jueves, 19 de septiembre de 2013

Desde lejos

He tropezado con un librito  de prosa  llamado Vivir adrede (ed. Punto de Lectura, 2009) y me ha acompañado estos días en el metro para sacarme unas risas y ponerme a pensar. Es de Mario Benedetti, de quien nunca he sido especial fan. "Es un viejito cursi", me dijo con desprecio un jefe que me vio leyendo La Tregua en los años universitarios.

Puede resultar un ejercicio sorprendente  volver a autores conocidos en la tempranísima juventud. Les dejo este texto sacado de esas páginas. Pase y lea con confianza:

 Desde Lejos / M. Benedetti
El exilio, cualquier exilio, es el comienzo de otra historia. Es dolor y a la vez descubrimiento. Uno siente nostalgia de esquinas y arboledas, lagos y viñedos. Las paredes son otras, el suelo verde es otro. El cielo sin Vía Láctea está vacío.  Uno acomoda la conciencia en la mochila y aprende del escándalo imprevisto y del sosiego huraño. Los rostros más constantes oscilan entre la furia y la sonrisa. Las profecías se hacen polvo y el corazón se va de vacaciones.

Todo esto ¿por qué? Quizá porque de todos modos sobrevivimos en la diferencia y llenamos la soledad con otras soledades que tratan de entendernos.

El exilio tiene algo de abandono y de espantos diminutos, de expectativas inalcanzables, de flor de un día. La claridad se va poniendo oscura y nos extrañamos a nosotros mismos hasta que la oscuridad se vuelve clara. No es fácil acostumbrarse a los cambios de ruta, menos aún dialogar con los que están.

Las fronteras, el humo, las aduanas, los sabios que no saben, la esperanza dormida. 

Obligado o voluntario, el exilio también tiene algo de patria; segunda patria, claro.  Y cuando nos propone su alrededor de prójimos, entramos en su gracia. Y damos gracias. 




1 comentario:

  1. El exilio fuese menos duro si los locales te trataran bien, si no te recordaran todas las semanas, durante los 4 años del mio, que no eres de esta tierra, si fuesen capaces de compartir un café contigo sin pensar que les vas a quitar el empleo, si fuesen capaces de contarte sus historias sin resentimientos, si como te ven en el autobús y medio los tropiezas cuando está más que lleno fueran capaces de no decirte porque un extranjero usa el bus y no paga un taxi.

    Por los momentos mi gatito George se comporta mejor que la gran mayoría de los humanos habitantes de Panamá, mientras más los conozco más quiero a mi gato

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