jueves, 5 de septiembre de 2013

Guayabo mix


El verano da sus últimos coletazos y se lleva a su paso la alta rotación de visitantes venezolanos  que suelen acercarse por Madrid  aprovechando el estío.   Esta semana han coincidido 4 de mis amigas amadas que vinieron desde  Sao Paulo, Sídney, Londres y Caracas. Una reunión más esperada que los Juegos Olímpicos, el Mundial de fútbol, un concierto de Madonna o U2.

Al vernos en vivo después de años, reímos, hablamos por horas, por jornadas laborales enteras, en verdad que hablamos sin parar: de nuestras vidas, nuestros amores, desamores  y nuestros sueños. Caminamos por la ciudad (Tour Madrid by foot by Bria). Recordamos y llamamos por teléfono para importunar a nuestros panas en común que viven en Estados Unidos, Venezuela, a donde nos cayó la llamada y nos alcanzó el saldo. Ellos también rieron y gritaban emocionados al otro lado del auricular. Y el tiempo se detuvo, claro. Y no hubo fronteras, ni diferencia horaria, ni pasaportes, ni estatus migratorios, ni otro idioma que no fuera el español. Volvíamos a estar juntas, volvíamos a mirarnos sin una pantalla de skype de por medio. Volvíamos a pensar en las aulas de la UCAB donde estudiamos Letras, a recordar las playas que recorrimos, las fiestas a las que fuimos, los exámenes, los barrancos por los que nos lanzamos, resucitamos a “ex” propios y ajenos  a quienes la memoria había omitido sabiamente.  ¡Qué afortunadas! 

Mientras escribo esto ya ellas han llegado a sus casas o vuelan hacia su destino, alguna espera en Barajas y otra hace escala en Bali. Escribo, pues, desde la oquedad profunda que deja el guayabo (*) de los amigos que pasan un rato apurruñados, pero salen corriendo al que ahora es su hogar. No me regodeo en la congoja, sino en la alegría de saberlas, de tenerlas,  de las certezas, del reencuentro, de la risa. Ya me lo dijo otro gran compaladre hace poco más de un año en Miami: “Tranquila mi negra, el mundo es nuestra aldea y nos seguiremos encontrando”.  Y así  ha sido. Sin embargo, siempre se me afloja la nariz, los ojos se lubrican y aprieto fuerte los labios durante el abrazo de despedida. Sin saber cuándo se repetirá un encuentro así.

Nuestras largas tertulias me refrescaron el alma entre tanto sopor veraniego. Me dejaron además mucho material para el blog y muchos recuerdos  instalados en las esquinas madrileñas por las que hemos paseado.  Aún me quedan un par de visitas que están programadas para septiembre. Y así se pasa la vida, de guayabo en guayabo ( como una vieja canción de Cristina Maica, jeje). 

Cuando mis papás hacen reuniones en casa y va su pandilla y cantan hasta que amanece, mi madre sostiene su copa y suelta a lo largo de la noche la misma frase como un credo: “¡Qué grande es tener amigos!”.  Tienes razón, mamá.


(*) Aclaratoria para lectores no venezolanos: Guayabo en mi país quiere decir desconsuelo, despecho, desazón o pena de amor. 

A continuación el vídeo de la canción "Lo que sueñas vuela" de Marlango. Si tienes un grupo de amigas, pasa  y ríe:




8 comentarios:

  1. Lo mejor que reencontrarse con los amigos es que todos comparten experiencias, recuerdos, amores y rabietas por igual. Mi promoción de la UCAB tiene un grupo en Whatsapp (antes era BB, pero todos hemos ido migrando poco a poco) y si dejas de revisarlo un día movido, cuando te das cuenta hay 400 mensajes por leer. Ahora estamos más unidos que cuando estudiábamos juntos. Tu mamá tiene razón, Bria, "no hay nada como tener amigos".

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  2. ¡Lando! Te creo lo de los 400 mensajes. Lo he vivido ¡Qué graciosos! Lo bueno es que la tecnología ahora ayuda mucho. Beso apretado

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  3. Guayabo es el que nos da a todos cuando vos escribís estas historias buenisimas que nos mueven el alma, yo que paso horas frente a la computadora conectada al Facebook y chateo con varios a la vez, lo mismo puedo chatear con Londres, Madrid (con vos), Caracas, Cabimas, Kansas City o Miami, y si algún amigo cae de paso por Panamá me voy pa'l aeropuerto con un cartel gigante y paso esas horas ahí, ese momentico es único (más único son los torontos que me traen) y asi una va de guayabo en guayabo, es inevitable no tenerlo.

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  4. A mi el corazón se me encoge con las historia de Bria y con esta en particular quedé con un super guayabo. Cómo extraño a mis amigos, nuestras tertulias hasta el amanecer, nuestras fogatas a la orilla de la playa (Cata, Patanemo, Cuyagua) y muchas otras vivencias...Paro aquí porque estoy al borde del llanto. Abrazos.

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  5. Sonia, seguro que tienes muchas visitas de amigos ahí en Florida.Ánimo. Te mando un abracito.

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    1. Hace 14 años. A mi me parece que fue ayer. Era un día precioso, soleado pero sin humedad, yo entraba al trabajo esa fatídica mañana peleando con el taxista por la ruta que tomo. En cuestiones de minutos, esa charla me parecería absurdamente trivial. El edificio se encontraba a no mas de 10 cuadras de las torres. Nunca comparto esto, como muchos de los que lo vivimos tan de cerca, resulta muy doloroso.Aun hoy, no he vuelto a donde una vez dos bellas torres acariciaron el cielo.
      Vi el segundo avión estrellarse, y como en cámara lenta, recuerdo un silencio ahogante, la realización de que el primer avión no había sido un accidente...
      Logre hablar con mis padres por dos minutos para decirles que estaba bien antes de que las conexiones de celular cayeran por las antenas en las torres.
      Mientras le respondía a mi mama, desde la ventana , alcanze a ver el momento en que dos parejas de personas, saltaron a su muerte agarrados de mano , prefiriendo no morir quemados. Una imagen indeleble en mi alma para el resto de mi vida.
      Corrimos a ayudar, pero solo existía una nube blanca extraterrestre , caos y desolación. Los policías y bomberos nos mandaron hacia atrás... Ese día cerraron todo el tráfico de carros en la ciudad. Caminamos como zombies a casa por muchísimas cuadras, un mar de gente , en silencio, abrazándonos o de manos con extraños. Unidos en humanidad, en dolor, en shock.
      Las semanas y meses siguientes fueron de atender funerales de muchos, reuniones en casa con amigos " para demostrar que los terroristas no habían ganado " y nuestro espíritu de libertad seguían en alto- aunque me temo, mas como excusa para nosotros,era la única manera que nuestros corazones podían sobrevivir esa tragedia-
      Mientras escribo esto, la pantalla del teléfono se inunda de lagrimas.
      Puedo decirles, que por mucho tiempo después el espíritu de hermandad reino, vecinos que no se conocían formaron amistades verdaderas, amigos y familiares que por tiempo no se hablaban, reanudaron discusiones.
      Si algo podemos sacar de la muerte tan absurda de tantos inocentes, es a valorar lo que realmente importa. Y no solo cuando hay un aniversario de la tragedia.Dia a día, a pensar en la huella que dejamos por el mundo como seres humanos.A lo que podemos hacer para mejorar y ayudar. Y a cosas tan simple como dar un abrazo o una llamada a alguien aunque no lo necesite. Todos lo necesitamos. NUNCA un te quiero esta de mas.

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  6. Esto es precioso: tu historia y el video de Marlango, que además, es uno de mis grupos favoritos. Yo no tengo grupo de amigas, puede que por mi carácter tan rarito. O puede que por mis constantes mudanzas nunca tuve tiempo de crear amigos de esos que se forjan en la infancia o adolescencia y duran para toda la vida. Tengo una mejor amiga que vive en Miami y otras tres que viven en Venezuela. A todas la vi por última vez hace unos 20 años y es bastante difícil contactarlas por email, menos personalmente, especialmente a las de Venezuela. Esto es lo único que me hace sentir envidia de otras personas. No su dinero, ni su posición social, ni su éxito. Envidio tener amigos de la infancia-adolescencia-universidad que sigan fieles a nuestra amistad. Brindo por ti, por tus amigos y por quienes tienen tu misma fortuna : )

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    1. ¡Gracias Dianora! Estoy leyendo todos tus comentarios con mucha atención. Muchas gracias por dar el repaso al blog.

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