jueves, 24 de octubre de 2013

¡Cumpleaños feliz!


Con el paso de los años me he vuelto más remolona con la idea de celebrar el cumpleaños. “Es la edad, que no perdona”, me dice una amiga medio en serio, medio en broma. Lo cierto es ya no echo de menos el bullicio, ni la torta (tarta), ni las fotos por doquier, ni estrenar alguna pinta para la rumbita. Me mueven, para qué negarlo, las llamadas telefónicas trasatlánticas e inesperadas. Da mucho gusto saber que hay gente (con la que estudié en el colegio, en la universidad o con la que trabajé) que levanta el auricular y empieza a hablar como si estuviésemos en la misma ciudad, quizá en la misma fecha de cuando compartíamos salón de clases o pautas informativas. Mención aparte merecen mis sobrinos. Me cantan el cumpleaños con su acento andaluz-venezolano y no se saben el Cumpleaños Feliz criollo sino el español (ese que aún no me he aprendido).


Celebrar el cumpleaños además se ha convertido en una fiesta virtual. Se alborota ese Facebook y se pone a reventar. Este año mi cumple (el lunes pasado) ha coincidido con un fallo general de la plataforma de esa red social. La gente me decía “te escribo, pero no aparece”. Y yo, alma cándida que soy, respondía: “Mi muro es que está medio congestionado por los mensajes”. Jaja. Pues no, maja. Era que la cosa estaba colapsada en todo el planeta.

Cumplir años en España tiene un ingrediente diferente al venezolano: ¡el cumpleañero es el que invita! Cuando lo supe me quedé atónita. Veía a mis amigos organizando sus fiestas en bares e invitando un par de copas a los asistentes al convite. ¡Qué nadie se quede sin beber! Nada de fiestas “country” o “Canaima” o de cenas en las que te invitaban tus amigos. Aquí incluso en la oficina toca invitar a los compañeros a la hora del desayuno y ellos te “tiran de las orejas” (es costumbre halar las orejas del que cumple años). Una amiga venezolana lleva cachitos que compra en la panadería de unos paisanos y ya en su trabajo están esperando su cumple cada año porque les fascinan.  Me había negado a ambas cosas porque soy una anfitriona pésima y también por resistencia. Sin embargo, en esta última edición…pagué los cafés y entonces todos dijeron: “¡Enhorabuena a la venezolana, hombre!”. Me tapé las orejas y me di por servida.


Por la noche fui a un restaurante venezolano. Iba ciega del hambre. En el camino tropecé con Vicente Del Bosque, el entrenador de la selección española de fútbol. No le pedí la foto típica. Seguí andando hacia mi destino esperado durante todo el día: las arepitas con nata, cachapa, ceviche y tequeños (al que me recuerde la dieta, le reitero que era ¡MI CUMPLEAÑOS!). Y bueno, saborear al terruño y que los camareros te canten el cumpleaños que siempre le has oído a tu padre con la guitarra: No tiene precio.


Ps: La sorpresa de esa día fue un correo en el que me informan que estoy nominada a los premios Yo soy venezolano en la categoría de Comunicador Social del Año. El galardón lo entrega la página web y revista del mismo nombre que trabaja en España por resaltar lo que hacemos los venezolanos. El premio se gana por votación a través de internet. Los chicos de la organización hacen además una gala benéfica a favor de una escuela de escasos recursos en mi Ciudad Guayana natal. Soy una candidata pudorosa, pero les dejo el link por si quieren pasar y votar. ¡Sería un regalo de cumpleaños virtual y estelar! ¡Muchas gracias! :  Premios Yo soy venezolano

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