miércoles, 8 de enero de 2014

Explicar el país



A todo el que se va de su tierra le toca explicar cómo es el sitio de dónde viene, qué se come, cómo se habla, cómo es el clima, cómo es el cielo, qué le gusta hacer a la gente, cómo es su carácter. En fin, explayarse en descripciones.

Hay una parte que a mí me encanta de esto. Hacer que mis amigos miren en Youtube El Salto Ángel, el parque Cachamay,  la represa de El Guri y ver sus ojos de asombro. España es un país con problemas de distribución hidrológica y ver tanta agua junta emociona, impacta, crea interés.

Si me preguntan si cae nieve en Venezuela digo que sí. ¿Hay desiertos? Sí. ¿Lagos? Uno de los más grandes del continente. ¿Ríos? Orinoco, río hermoso, que palpita y que suspira como un órgano vital.  ¿Llanos? Te lo tengo. ¿Playas? De Los Roques, pasando por Choroní, Mochima hasta Morrocoy.  En fin, me bato una de guía y les cuento toooodo eso, les muestro fotografías, vídeos y les cuento anécdotas.

Por otra parte están las preguntas de Cadivi. En mi época de estudiante era experta en el tema, pero nadie me entendía lo del control cambiario. Me obstiné de hacer dibujitos y pedía auxilio a mis amigos más pacientes y con más tacto para la didáctica.

He tenido que relatar cómo es el cierre de un canal de TV, pero no por recortes presupuestarios como aquí, sino por razones políticas. También he hablado de la inflación y de la escasez (aunque no haya vivido esta última).  De cómo es un hospital donde los pacientes deben llevar hasta el algodón.

Ahora bien, relatar el dolor de la violencia y la inseguridad…eso es tragar duro y lanzarse por una bajada de Historia de Venezuela para hacer contexto y que la gente no se pierda en el detalle.  Contar que matan por unos zapatos de deporte, por un móvil y también añadir que nos acostumbramos tanto que hay quien tiene dos teléfonos: el de peor calidad (para darlo al malandro) y el bueno.

Creo que mis compis colombianos y mexicanos son los únicos que han entendido mis exposiciones. De resto, veo caras de alucinación, de desconcierto. De alguna manera, es como si les contara una película, algo que no conciben. Con decirles que muchos amigos españoles no sabían lo que significaba la palabra “morgue”, ni mucho menos que a ese lugar había que ir a cubrir una información.

Dicho esto, responder a preguntas sobre el asesinato de Mónica Spear y su marido mientras reparaban un caucho en una autopista es… una aguja de tejer atravesada en la tráquea. Es empezar por el mal estado de las carreteras y terminar diciendo que la vida no vale nada, que ha pasado a otras  24 mil familias, que los asesinos tienen 15 años.

No quiero seguir hablando del horror, ni una pregunta más. Sin embargo, sé que esto no parará pronto. Eso es lo que más acribilla de angustia a quienes tenemos casi todo nuestro capital afectivo en ese país.


Que sepan que a miles de kilómetros todo aquello también nos quita el sueño. No de ahora, desde el día en que te marchas.  Que sepan que seguimos soñando con un lugar mejor. Sin embargo, una amiga venezolana que vive aquí me dijo ayer: “Este caso horrendo nos reconfirma que no tenemos a dónde regresar, no hay un sitio para volver”.  Es una sentencia durísima, que no me quiero creer. 


14 comentarios:

  1. "no tenemos a dónde regresar", cuando el año pasado pasaba por la peor crisis económica desde los 4 años que vivo en Panamá, sin empleo ni dinero para comida y el alquiler, y que casi a punto estuve de regresarme, mi mamá me dijo "hija, para verte muerta aquí prefiero pidas ayuda allá como sea, pero no te vengas", de un momento a otro cambió el panorama y se ha ido mejorando, tengo empleo fijo y aunque tengo deudas que voy pagando de a poco me ido convenciendo que efectivamente no tengo a donde regresar, ¿a dónde? regresar a Cabimas o a Caracas ¿a qué?, en este año obtendré la residencia permanente en Panamá y con eso cambiará aun más mi situación para bien.

    A mis compañeros de oficina ayer les decía -que son panameños, colombianos y cubanos- que al menos yo al verme en peligro pude salir, pero como bien dices Briamel, todo nuestro capital afectivo está en Venezuela y vivimos con el alma en vilo pensando que no maten a los nuestros, aunque el año pasado ya se llevó a una prima para robarle el carro.

    Ayer al salir del trabajo caminé un rato en las calles cercanas a mi trabajo y cargaba el celular en la mano y no sentí ningún tipo de temor, eso lo puedo hacer en Panamá, no en mi propio país.

    ResponderEliminar
  2. "No tengo donde regresar", con lágrimas en los ojos te confieso que son las palabras mas duras que he leído el día de hoy.

    ResponderEliminar
  3. Glosando a Rayma en una entrevista que le hice, todos somos exiliados, tanto los de adentro como los de afuera. Los de adentro, "inciliados"

    ResponderEliminar
  4. A este país no lo entendemos ni siquiera los que lo vivimos y lo sufrimos día a día... Mucho menos los que han crecido en otras latitudes, con otros valores y otro acento. Yo tiré la toalla hace 15 años. No lo entiendo y punto..

    ResponderEliminar
  5. Dormir aqui soñando allá. Es mi lema desde hace 11 años. Yo no estoy ajeno de la situación de Venezuela a diario leia 3 o 4 periodicos digitales por lo que la violencia no ne sorprendía en absoluto, que es lo que pasa que cuando le pasa a alguien conocido vuelves a caer en cuenta de la cruda realidad. Una vez que te acostumbras a vivir más relajado es increíble como cuando pisas Maiquetia sientes que te cae un peso encima. Y no es más que el peso de la paranoia, el mismo va mermando a medida que pasan los días con la familia y amigos pero en definitiva es así. Ayer mi prima me dijo este año me graduo, vas a venir? A lo que mi respuesta sin pensarlo fue un rotundo no. Ya no solo me toca pensar en mi integridad , tambien esta la de mi hija que tiene 4 años y la de mi mujer que a ella no hay que explicarle nada porque también es venezolana.
    A lo que este día fatidico de violencia a alguien conocido públicamente en venezuela se borrara de las memorias de las persobas tan rapido como el gobierno decrete un aumento del cupo cadivi o alguna función más del circo bolivariano.

    ResponderEliminar
  6. Exelente articulo pero que triste realidad , en que sea a convertido mi pais .....

    ResponderEliminar
  7. Comparto esa sentencia última que mencionas, querida Bria. No hay país al que regresar porque se ha desdibujado tanto y tanto que costaría varias vidas reconocerse de nuevo en él. Si te fijas, las únicas conexiones que se mantienen firmes en nuestros recuerdos son objetos, accidentes geográficos o personas. Y, claro, los recuerdos, las sensaciones. Pero, a pesar de que extraño a muerte ver todas las mañanas el Avila -aquí en Amsterdam ni siquiera hay montañas- o una arepa de queso telita (por ponerte dos ejemplos manidos), jamás se me pasaría por la mente regresar allá solo para cubrir esas y otras carencias.
    Yo no puedo vivir un país teniendo como único vínculo la nostalgia.
    Por lo tanto, me temo que seremos extranjeros por siempre, las 24 horas del día, estemos donde estemos. Incluso, si decidiéramos volver a vivir allá esa sensación seguiría estando presente, porque esa Venezuela que nos cobijó, que nos ayudó a crecer, que nos forjó el carácter como personas ya no existe tal y como era.
    Y de nada valdrá esforzarse en pretender que así sea.
    Me temo que la Venezuela que conocimos dejó de existir. Me temo que hace tiempo el país atravesó una frontera vital y ya no volverá a ser lo que fue. Cada asesinato, cada abuso, cada desfiguración promovida por el poder suma metros y más metros a esa senda que sigue alejando al país de ese punto de no retorno.

    ResponderEliminar
  8. sí hay donde regresar, lo pueden decir los colombianos y en algunos lugares de México, lo pueden decir los brasileños, el tema de la inseguridad no es nuevo en América Latina y sí es cierto que el sensible asesinato de Spear levanta emociones fuertes, también es cierto que el inmigrante de una u otra manera justifica sus razones para vivir fuera. En los inmigrantes hay un sentimiento interno que volver es fracaso, y eso no es cierto, vovler es aplicar en tú tierra lo que aprendes de otras culturas. Siempre hay donde volver, por lo menos para ver a los ojos a tus viejos.

    ResponderEliminar
  9. ¡Gracias a todos por leerlo y por sus comentarios! Creo que el caso Barry Spear nos ha removido recuerdos y situaciones extremas.
    Es una tarea cotidiana tratar de entender qué nos pasa, por qué funciona así la sociedad venezolana.
    Agradezco a Juan Ignacio su reflexión sobre nuestra condición de extranjeros en todos lados. Te dejo otro post (y perdona el autobombo) en el que he hablado del tema : http://larorraenelteclado.blogspot.com.es/2013/08/neverland.html
    Insisto, muchas gracias a todos ;)

    ResponderEliminar
  10. AYER comentaba con mis hijos sobre ese echo tan doloroso y al final de la conversación la conclusión era: "NO HAY RETORNO A LA VISTA"

    ResponderEliminar
  11. Incluso no hay país a donde regresar para quienes viven en Venezuela, porque ese país de bandera de ocho estrellas, odio y resentimiento no es reconocible para quienes pudieron estar en otra época (que no era de oro, pero tampoco de plomo).

    ResponderEliminar
  12. Es cierto lo que dices sobre eso de que para los que estamos fuera tenemos nuestro capital afectivo allí en Venezuela. Es muy duro saber que aunque uno está a salvo ellos siguen sumergidos en la incertidumbre de si llegarán a casa o no. Duro también es que tus padres, aunque te echen muchísimo de menos y desearían poder tenerte cerca todo el tiempo, te digan "hija/o no vuelvas"... quizá lo que te da un poco de esperanza es cuando luego te dicen "por lo menos no ahora". Lo que pasa es que ese "ahora" pareciera que todavía le queda mucho tiempo. El estar lejos no ha significado ignorarlo todo, dejarlo atrás. Incluso a la distancia se vive la angustia y el miedo por aquellos que aun viven en un país donde la vida no vale nada.

    ResponderEliminar
  13. A mí una vez hasta llegaron a decirme: "¿Ah, de Venezuela? Pero mira qué rápido has aprendido el idioma..." (como si en Venezuela se hablara arameo antiguo). Yo ya no explico nada. Hay gente que ha estado allí dos semanas y te dan lecciones magistrales como si conocieran el país mejor que tú en media vida.
    No. No hay país a donde volver, entre otras cosas porque el país que dejamos ya no existe. Y entre otras cosas más, porque es de una ingenuidad impresionante creer que se puede arreglar en un día lo que se ha destruido en 20 años. Me quedo con los buenos recuerdos.

    ResponderEliminar