jueves, 13 de febrero de 2014

Escapulario ajeno

El lunes llegué a la oficina y me felicitaron: “Ole, ole, ole por ese Goya, guapa”. Me sacaron una sonrisa. Yo había visto la ceremonia y me conmovieron la euforia y el mensaje de Miguel Ferrari. Sin embargo, me hizo gracia que me felicitaran por un premio con el que no tengo nada que ver. Me parecía estar ganando indulgencias con escapulario ajeno.  Quiero decir, no solamente no he visto “Azul y no tan rosa”,  sino que casi nunca iba a ver películas venezolanas. Aquello de “apoyar el cine nacional” no era algo que se me diera bien. No nos caigamos aquí a mentiras, pues.

Pensándolo bien, la noche del Goya, cuando nombraron la película alcé los brazos desde el sofá,  como si yo estuviera cruzando la meta de un maratón. Me gustó escuchar un acento parecido al mío. Me gustó ver a Daniela Alvarado feliz. Me dejó en shock ver que Hilda Abrahams tiene la cara tan intervenida y es apenas un bosquejo de lo que fue su rostro.  Total que acepté mi felicitación como si me hubiera fajado a producir y filmar una peli que no he visto.

Hoy, solo tres días después, me dice un compañero en el ascensor: “Jo, siento lo de tu país. Todo va mal. Lo siento”. Y claro, la web del diario El País abría con la noticia de muertos y heridos en manifestaciones en Venezuela. Esta vez no hay escapulario ajeno. Esta vez hiere, duele y sí me siento involucrada, sí me siento parte de la película. Yo no marché ayer, ni siquiera me desvelé. Cuando mis amigos periodistas me reportaron que había muertos…respiré profundo y me fui a dormir. Apenas eran las 11 pm en España y las 4:00 pm allá. 

Encender el teléfono por la mañana y tener el TL del twitter ensangrentado, 7 mensajes de whatsapp con cientos de hilos de mis distintos grupos de amigos preguntándose si están bien, ver el triste papel de los medios, la desinformación y la censura. El mundo al revés. Yo no estoy ahí, pero he estado ahí: en marchas, en manifestaciones, viendo heridos, tragando gas.  No he sido la primera ni la última.  Solo digo que nadie me lo contó. Yo estuve y , por eso, sigo estando.

Un amigo dijo esta semana que la nacionalidad venezolana es agotadora. No puedo estar más de acuerdo, es extenuante.  Es la única que tengo y a veces, como esta semana, la llevo como un saco de piedras sobre la espalda:  pesando, lastimando, doliendo. A ver qué será lo próximo que me dirán mis compañeros de oficina. A ver qué nos traen las noticias…si es que las transmiten.









1 comentario:

  1. Bria, porque estuvimos seguimos estando, es inevitable que no nos traslademos, tengo 3 días de guardia transmitiendo en mis redes personales información que el gobierno y los medios callan que es lo único que puedo hacer, nos vemos en la vía

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