jueves, 28 de agosto de 2014

Nuestra voz hermosa, nuestro silbido

Alta traición 
No amo mi Patria. Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
(y tres o cuatro ríos).
José Emilio Pacheco (poeta mexicano)


Briamel González Zambrano

En las últimas semanas han sucedido un par de cosas relacionadas con La Rorra en el teclado. Nos mencionaron en un trabajo del diario ABC sobre la migración venezolana en España (aquí dejo el  link) y la periodista y bloguera Alicia Hernández, alias Por Puesto, nos respondió un  post. Ella es española y vive en Caracas. En este texto cuenta cómo se adapta a la ciudad, al país, a los dichos, al mototaxi. Ambas cosas me han honrado mucho. ¡Gracias!

En el transcurso de los días también ha ocurrido otra cosa muy lamentable. El cantante Yordano ha contado que tiene cáncer y que además en Venezuela no encuentra las medicinas. Es durísimo reconfirmar que aquél se ha convertido en el país del “no hay”. Confieso que esto me afectó porque soy su fan total desde muy pequeña y porque le pone cara a una situación muy penosa y casi criminal: la escasez de medicamentos.

No soy una melómana erudita, no me siento orgullosa de eso, pero así es. Lo mío es bailar y tengo mis referentes claros en ese sentido. Soy una rocola (gramola)  porque mi familia sí que es musical y todos tocan instrumentos, y mi hermana mayor es cantante profesional de ópera, pero yo, nada. Solo memoricé muchas letras, pero tengo una muela careada en cada oído. Cuando me ponía a cantar en reuniones familiares mi padre decía: “Hijita, tú baila, baila. Es que eres sordita. Los de este lado cantamos, ¿sí?”. Y yo, dale que te dale a las caderas.

Será por eso que nunca atravesé océanos ni países, ni trasnoché para comprar una entrada e ir a un concierto de U2, Madonna, Los Rollings  o Roger Waters. No me interesa. Si he visto a alguno de estos ha sido casualidad, nada más. Admiro mucho a mis amigos que sí saben la fecha de los discos, los nombres de las giras y que hacen esas travesías. Pese a esto, nunca me perdí un show de Yordano di Marzo mientras viví en Caracas. Cambiaba las guardias, salía corriendo para el Teresa Carreño o el Trasnocho, incluso abría mi grabador mientras él cantaba (como si no pudiera verlo en youtube). Con mi amigo Arturo siempre hablaba de sus letras así que Yordano (junto con Luis Enrique) forma parte del soundtrack de nuestra amistad.

Un día fue a la redacción de TalCual y el jefe Teodoro gritó: “¡Epale Yordano, pasa para la oficina, chico!”. Yo me giré, lo vi ahí parado con su tremenda estatura y yo sentada frente al ordenador. Lo seguí mirando sin disimulo y sintiéndome muy pequeñita. Creo que él se dio cuenta de mi cara emocionada de veinteañera provinciana y me dijo en tono bajísimo: “¡Buenas!”. Años después, en un concierto que hizo solo para la prensa le dije: "Tú no sabes lo que yo te adoro, chico". Él sonrió y susurró un: “¡gracias!”.


Cuando trabajaba aquí en Madrid en la agencia EFE mi amiga Pilar me veía con los audífonos y me decía: “Por la carita de contenta que tienes parece que estás oyendo al Yordano ese”. Siempre acertaba.  Hablamos con él a través de Twitter para contarle y nos respondió con risas y alegría.  Yo ahora le envío toda la energía positiva. Ya se lo ha dicho mucha gente y me sumo. Quiero un escándalo en sus mejillas. Siempre le agradeceré ese verso mínimo de la canción “Todo el amor”-> “y soy mejor después de ti”.  Suscribo lo dicho por el escritor Juan Carlos Méndez Guédez: “Yordano es nuestra voz hermosa, nuestro silbido, nuestro tarareo en los ascensores. Lo mejor que somos. Un abrazo gigante para él”.



2 comentarios:

  1. Que lástima lo del pobre Yordano, hay tantas cosas que llorar por la Venezuela actual que no sabría por cual empezar, también se que no terminaría nunca, pero algún día va a terminar aunque solo sea por aplicar aquel dicho de que "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista"
    Besos y salud

    ResponderEliminar
  2. Bueno al fin pude venir, después de mi desventurado accidente de pata chueca.
    Que decirte, si es que cuando yo lo vi ahí en mi TV y dijo lo de su cáncer y se le quebró la voz y lloró, no pude más que llorar con él, porque si, Yordano es alguien así como decimos en el Zulia un primo, alguien que se vuelve familia de uno por los años que tiene acompañándote en todo.

    Yo hasta la pedí al doctor José Gregorio Hernández que le echara una mano, porque si hace milagritos diarios a todo mundo a nuestro Yordano también lo podrá ayudar, que más nos queda

    ResponderEliminar