viernes, 28 de noviembre de 2014

Y la mejor hallaca es la de ...



Briamel González Zambrano

El diccionario de la Real Academia Española dice: “Hallaca: Ven. Pastel de harina de maíz, relleno de un guiso elaborado con pescado o varias clases de carne en trozos pequeños, y otros ingredientes, que, envuelto en hojas de plátano o cambur se hace especialmente por Navidad”. Cualquiera que haya comido este manjar sabe que implica mucho más que esta escueta explicación. Sin embargo, no nos metamos con los académicos de la Lengua que tampoco están obligados a hacer un recetario de Scannone.

Casi cualquier venezolano podría agregarle ingredientes a esa definición, le quitaría la palabra cambur de ahí, porque son exclusivamente hojas de plátano. Empezaría a salivar y a rememorar escenas de familia con arbolito de fondo, aguinaldos, copas y risas. El olor del onoto y las frases aleatorias : “¡Cuidado, no te vayas a manchar! ¡Ponte el delantal” "Pa' probá" “Pásame las alcaparras” “Qué rico quedó el guiso, sobra para hacernos unos bollos” “No alcanzó el pabilo, vayan a comprar” “¡Muchacha, no te comas las pasas, chica. Ya te acabaste otra caja. Mira que están carísimas!” .  Y de fondo suena la canción: "Cepi, cepi, pero que cepillao". 

Con ese panorama, una hallaca no es solo un plato. Es la confabulación para hacerla en conjunto. No los engañaré. En mi casa no se hacen, nunca se hicieron. Mi madre sabía que no contaba con un equipo entrenado en esas lides y que ella sola no iba a poder. Así pues, que las hallacas siempre fueron compradas y además con distintos proveedores cada año. Sin embargo, el momento de preparación no nos resulta ajeno porque algunos años salteados nos íbamos a casa de mi adorada tía Aída y ahí estaba toda la tropa dándole. Los González Zambrano éramos una suerte de asomados, los coleados. Mi padre y mi hermano musicalizando a veces. Mi madre ayudando.  Mis hermanas metiendo mano en la masa. Yo, para qué negarlo, pellizcando (las pasas, sí, soy la de las pasas).  Y al final de la jornada nos correspondían unas diez hallacas y quedábamos tan contentos.  Lo más lejos que llegué en el ámbito de elaboración hallaquil fue  hacerme "amarradora oficial" un par de años consecutivos en la casa de mi amiga María Inés en Caracas. Hay que decirlo todo, no amarraba bien, pero esa casa era una gozadera. 

Esto en gran medida es lo que encierra la hallaca, ese poder de convocatoria, reunión y canciones de navidad. En España nunca me han faltado porque hay quien las vende por encargo y un par de restaurantes las tienen. Las he comido también en casa de amigos (en la de Linda y Doménico,  el escritor del post  de la semana pasada).  Además de esto, la paisana Eugenia Adam lleva ya cinco años fajándose y haciendo el concurso “La mejor hallaca de Madrid”.  La gente se inscribe, lleva su hallaca para que un jurado especialista en gastronomía la pruebe y se gana un premio.  Se dice pronto, pero Adam pasa meses moviéndose, buscando patrocinadores, jurados y motivando a la gente a que prepare el plato. Lo hace para conservar las tradiciones con las que crecimos, también para que quienes tienen hijos nacidos aquí puedan sentir un poco de cómo es la Navidad allá. Es tal su trabajo que ha conseguido este año hacerlo en Alemania y ha ganado una cumanesa que tiene 25 años en ese país. ¿Se imaginan a un alemán abriendo una hallaca? Buajaja. Eugenia también lo va a hacer en Amberes (Bélgica) el día 20 de diciembre. 

Los interesados en participar en la V edición del concurso LA MEJOR HALLACA DE MADRID podrán llevar las hallacas entre los días 2 y 10 de diciembre de 11: am a 22:00 horas al restaurante Entre Nos Gourmet, calle Zaragoza 9 (cerca de la Plaza Mayor). La celebración del premio será el día 13 de diciembre. Mas información en "La mejor hallaca de Madrid" . Si conoces a algún venezolano en Madrid que haga hallacas dile por favor que participe, que se lo va a pasar genial. 




2 comentarios:

  1. Yo hago hallacas divinas, en esta semana me fajo a hacerlas, menos mal que no está cerca Bria para que no se me coma las pasitas ;)

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  2. Hace un millón de años que no como hallacas, desde que dejé Venezuela, siempre ha pasado algo que me lo ha impedido, este año tampoco las comeré, no hay nada en mi entorno que me lleve por un camino que me conduzca a ellas :(
    Besos y salud

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