viernes, 6 de febrero de 2015

Un pasillo, un país

Briamel González Zambrano

Son cuatro. Están en blanco y negro. Tienen un fino marco y rodean desafiantes al viejo espejo que hay en el pasillo de la casa de mis padres. El cuarteto de caricaturas ha estado ahí años. No muchos. Quizá unos doce. Ha sido testigo de las secadas de pelo, sesiones de maquillaje, pruebas de ropa, despedidas,  bienvenidas,  alegrías por unos kilos menos, bajones por un rollito de más. Y ahí siguen los dibujos, impávidos.

Esos cuatro pedazos de papel con la firma de Zapata parecen puestos al descuido, como quien no quiere la cosa. Colocados para balancear el montón de fotos que mi madre se empeña el poner en la sala y en las que todos los González Zambrano salimos con otro peso, otros años y otras vidas. Pero no. Zapata no está ahí de ornato, sino  para recordarnos que la familia que se gestó ahí pertenece a un país cuya realidad se discute cada mediodía (con el noticiero de fondo) en la mesa que está a pocos metros. Es como si Pedro León nos hiciera aterrizar y nos dijera: “Psst. Esto es lo que está pasando en Venezuela. Presta atención”

Una de las cuatro láminas me causa especial impresión cada vez que la veo. Un hombre aporreado y con la cabeza vendada está sentado frente a una máquina de escribir y dice: “Esto es a causa de militar en la libertad de expresión”. Quizá cuando la dibujó no habían ocurrido ni una cuarta parte de las agresiones a los periodistas y a los medios, pero su genio supo anticiparlo.

Fue hermoso ver cuando en 1999 apareció el mural Conductores de un país en la Ciudad Universitaria. Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Teresa de la Parra aparcaron ahí y cambiaron  ese pedazo de la autopista donde muchas veces hay atasco. Años después me tocó escribir en El Universal que le hacía falta mantenimiento a la obra porque estaban cayéndosele las baldosas. La respuesta a mi nota fue que no había presupuesto, que se estaba haciendo una evaluación técnica, que la burocracia ya se encargaría…

Zapata ha fallecido hoy y me vino a la mente el cuarteto de caricaturas de mi madre. Todas las risas y reflexiones que me sacó con su trabajo en El Nacional.  El bello y enorme lienzo que le regaló a María Teresa Chacín y que ella usa de fondo en sus conciertos. Zapata se ha ido, pero no se ha ido. Sigue en el pasillo de mi casa de la infancia. ¡Gracias Pedro León!

Esta una de las 4 caricaturas de Zapata que hay en el pasillo. Mi madre me ha enviado la foto (como se ve claramente)







1 comentario:

  1. Quién me iba a decir a mi que la alergia que antaño me entraba cuando recibía noticias de Venezuela se iba a convertir en angustia, tristeza y desesperanza, como me sucede ahora, al punto,de inconscientemente rehuir el tema... :(
    Que en paz descanse Zapata, una pérdida importante que si no es por ti, no me entero.
    Besos y salud

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