sábado, 16 de mayo de 2015

Esas preguntas...

Me voy para volver, vuelvo para irme, y así he vivido, sin acabar de irme, sin poder quedarme, sin saber por qué.
Fernando Vallejo


Briamel González Zambrano

El que se fue de su país recuerda ese día exacto, la aerolínea, la hora de llegada a la ciudad de destino y si alguien fue a buscarlo al aeropuerto, a la estación de tren, al puerto. Es un momento guardado, una fotografía íntima y grabada en el CPU casi para siempre. Sin embargo, en reuniones de paisanos o cuando entrevisto a algún venezolano la respuesta a la pregunta de por qué emigró pasa rápido y como un susurro. Se asume que ya se sabe, que da pereza contestarla, que es una obviedad. Alguno agita la mano, en señal de “Déjalo pasar”, “Corramos un tupido velo”, “¡Déjalo así!”. Otros suspiran. Muchos dicen: “Me fui por lo mismo que todo el mundo. ¿Qué te voy a contar? Me fui por lo que nos vamos todos: inseguridad, miedo, economía precaria, falta de oportunidades”. Sin embargo, aunque esa sea la verdad,  cada quien tiene su historia personal, SU RAZÓN, su punto de inflexión.

Cuando se atreven a explicar el motivo de partida se encuentran historias de todo tipo que van desde el amor (“conocí a alguien por Internet, me pidió matrimonio y aquí estoy”), aprender otro idioma, irse a estudiar, una beca, un secuestro, una expropiación al negocio familiar hasta el “como tengo pasaporte europeo o residencia estadounidense me vine para ver”.

Hay otra interrogante mucho más complicada y quizá más recurrente. Cuando alguien de otra nacionalidad te dice: “¿Pero qué le pasó a Venezuela? ¿No eran los ricos, con el petróleo, las mujeres bellas, las playas estupendas? ¿Qué fue de todo eso?”.  Inhalas, exhalas. El pecho se te mueve rápido. Depende de tu humor, el escenario y el interlocutor, puedes decir cosas diferentes. Si tienes pereza del tema (como me suele pasar muchas veces, lo admito), sueltas una frase hecha tipo: “Es complejo, un entramado de problemas sociales y políticos desencadenaron el descontento popular y la situación actual”. El comediante George Harris, que estuvo en estos días por Madrid, cuenta entre risas que a él le dan ganas de decir: “Soy de Paraguay, de Honduras, de El Salvador. No sé nada, chico”. Adicionalmente a esto, los cubanos de Miami le dicen: “Yo te voy a contar paso a paso lo que viene, lo que le va a pasar a tu país”. Él quiere salir despavorido y gritar: “¡Déjame en paz, no me interesa, quiero seguir en la ignorancia, dejen vivir!“.


Está la pregunta final, la de la estocada. Es la que se repite sobre todo cuando saben que eres periodista. “¿Qué va a pasar en tu país? ¿En qué va a parar aquello?”. Llegados a este punto, ya muchos soltamos un clásico: “Se me ha estropeado la bola de cristal”. Sospecho que estas tres consultas (¿por qué te fuiste? ¿qué le pasó a Venezuela? ¿cómo va a acabar la crisis política de tu país?) nos perseguirán por largo rato. Recomiendo al lector de La Rorra que tenga sus contestaciones ya preparaditas como en una chuleta. Y si no, haga como Ibsen Martínez que suele decir: “Lo que piense Teodoro (Petkoff), eso mismo creo yo”. Y listo y se acabó.


2 comentarios:

  1. La verdad no había pensado en respuestas pre hechas, voy a anotar eso, en cuanto a la bola de cristal esta pues la mía se rompió hace mucho, andamos igual.

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  2. Pues imajinate los que vivimos en la epoca de Perez Jimenez, le vimos caer, mandar la junta militar de Larrazábal, gobernar los adecos, Copey y militar por Uslar Pietri cuando se presentó a las elecciones y le hicieron fraude, y mas adecos y mas copeyanos, y con todos esos recuerdos una sola pregunta que me hago a mi mismo ¿Pa donde fue aquella, mi Venezuela linda? ¿Como es posible que la convirtieran en esto que es ahora? y me domina la nostalgia y se apodera de mi la tristeza y luego una arrechera bronca me domina y me empiezo a cagar en todo lo que se mueve, aunque esté envuelto en banderas... :(
    Besos y salud

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