jueves, 23 de julio de 2015

Ondulada y punto

Cuando trabajaba en Puerto La Cruz un camarógrafo se acercaba a las periodistas mientras esperábamos a algún político o declarante de turno.  Nos decía con su rápido acento oriental: “¡Licenciadas, denle de comer a esas peluqueras! Están feísimas. Vayan a alisarse esos cabellos”. Yo me reía. Pensaba que se lo decía a las reporteras de televisión, pero está claro que era un mensaje para todas.

Pasados los años y el triunfo imbatible de alisados japoneses, queratinas y baños de brillo de seda en Venezuela, las exponentes del pelo rizado nos convertimos en una rareza en un país de mestizaje donde hay mulatas, zambas,blancas, morenas, rubias y mujeres de todas las razas. Salir de casa sin someter a tu cuero cabelludo a altas temperaturas es casi como hacerlo sin cepillarte los dientes. Constituye,pues, una actitud temeraria y un descuido imperdonable.

Terca como soy, obviamente no hago caso de modas de peluquería y ostento los rulos sin pudor. Comprendo cierta necesidad de renovación, de cambio de look, de nuevas experiencias capilares. De hecho me lo he alisado en varias ocasiones porque me apetecía, pero de ahí a que te miren con lástima, como si padeces una enfermedad mortal solo por conservar la melena ensortijada, pues no, chica.

Lo peor es cierta percepción clasista de que si conservas la naturaleza de tu pelo es porque estás inmersa en una suerte de atraso, un anacronismo, de estancamiento en el pasado. Vamos, que: “pobrecita ella que no tiene secador ni plancha y sale así a la calle”.  Todo esto me llama a la carcajada. Sin embargo, confieso sin acritud  mis ganas de ver cuando pase esa moda de lisura y entonces vuelva aquella atrocidad llamada “la permanente” y todas apliquen químicos agresivos y supliquen por tener aunque sea una pequeña onda en su cabeza. Entonces, alguien reirá de último y, reirá mucho mejor. 




4 comentarios:

  1. Me encanta ese pelo rizado, a mi se me ha quedado grabado el olor de cuando se alisa el pelo, de niño en Caracas, en mi calle, habian varias peluquerias donde lo alisaban, no se como lo harian en aquella epoca, recuerdo vividamente las cabezas de las mujeres como con una crema blanca que les ponian mientras que otras ya las estaban cocinando debajo de aquella especie de esfera, a mi no me gustaba nada el olor, y siempre cambiaba de lado en la calle para no pasar por delante de aquella fuente de olores :)
    Besos y salud

    ResponderEliminar
  2. Tienes que ver este documental.

    http://www.imdb.com/title/tt1213585/

    En EEUU, como en muchos casos, llevan esto del "pelo malo" a extremos inimaginables.

    ResponderEliminar
  3. jajajajajaja ! El Gran Esteban Marín ! jajaja

    ResponderEliminar
  4. Hola Bria!! Qué bueno tu post. Yo tengo el pelo "malo" gracias a un abuelo negro como la noche, como diría mi mamá. Empecé a desrizarme el pelo desde los 11 años por el complejo que tenía, porque es cierto que, aunque no te lo dicen explícitamente, nuestro pelo y nuestra conducta respecto a él dice mucho de lo que somos culturalmente en Venezuela, en cuanto a que muchas veces renegamos de nuestras raíces negras. A mí no me decían que mi pelo era feo de niña, pero sí me recomendaban estirármelo porque me vería más bonita. Cuando crecí, en la adolescencia el término era fashion para decirme que estaba mejor con el pelo liso. Y la verdad es que yo absorbí toda esa información y la convertí en complejo. Cuando me vine a España por cuestiones económicas dejé de esclavizarme en una peluquería y ahora llevo mi pelo natural, pero reconozco que me siento más "ordenada" cuando me veo con el pelo liso. Manías de una.
    Saludos!!

    ResponderEliminar