miércoles, 26 de octubre de 2016

País-duelo




En las últimas semanas se me ha hecho muy patente la pena y cierta lástima que despertamos en los demás cuando decimos: "Soy de Venezuela". Cambian los gestos y la mirada del interlocutor y en seguida llega un discurso de tristeza. Parece que el gentilicio se ha traducido en una condolencia automática y solidaria.  "I am deeply sorry about that", me dijeron repetidas veces en un foro internacional reciente. Hay gente que se tapa la boca como en señal de sorpresa y hasta te quiere abrazar apretado.

Luego de que te saben venezolano, te preguntan si tu familia sigue allí, te conminan, cómo no, a sacarla cuanto antes de aquel lugar que desconocen, que solo han visto en las noticias, pero que tienen la certeza de que está en guerra. El interrogatorio no para, ni tampoco ciertas sentencias: "You have oil and hungry people at the same time. I dont understand", me dijo otro. Me apetecía decirle: "Ayyyy mejo. Yo tampoco entiendo nada. Solo sé que duele como una muela con el nervio taladrando el cerebro". Sin embargo, solo asentí.

La guinda ya del lamento la puso un guardia del aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia que, mientras revisaba sin guantes mi maleta de mano y auscultaba entre mis sujetadores , mi cepillo dental y miraba la foto de mi pasaporte,  me dijo: "¿Periodista y de Venezuela? ¿Cuándo se va a acabar aquello? ¡Se tiene que acabar! Dan mucha lástima, eran los ricos y ahora no tienen nada". Como ese diminuto uniformado tenía mi documento tan preciado en sus manos, solo atiné a decirle: "¿Quién sabe? ¿Puedo pasar ya al avión?".

Hoy la gente ha salido a la calle a marchar para reclamar su derecho a revocatorio y me acuesto con menos sensación de pésame. Sé que algunos dirán que manifestando no se logra nada, pero yo estoy lejos y es lo que haría si estuviera allí. Eso y escribir, como ahora mismo. Hoy he visto, en fotos, sonrisas en medio del cansancio y de la tragedia cotidiana de no conseguir comida o encontrarla a precios impagables. Hoy vi por primera vez la imagen del bebé caraqueño recién nacido de una amiga.  Hoy el pesar es un poquitito menos y quiero que se acabe ya esta sensación de país-duelo. Ojalá tenga en breve hechos que me permitan aniquilarla.

2 comentarios:

  1. Ni lástima ni nada, adelante y a luchar, a demostrar una vez mas que lo de "bravo pueblo" no es un decir bonito para poner en el himno nacional, que eso es así, y bien bravo, y costará muchas lágrimas pero Venezuela volverá a ser libre mas pronto que tarde, amén.
    Besos y salud

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  2. Así es, mi Briamel. Nada de bajar la cara ni duelo. Este juego no se termina hasta que se termina.

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