domingo, 29 de enero de 2017

Dos mundos

“A fuerza de vivir en varios lugares, uno acaba de ser de varias partes a la vez y de ninguna enteramente. Por haber vivido aquí mucho tiempo, conozco a París como la palma de mi mano. Pero también a Barranquilla. Y a Caracas. Por no hablar de Boyacá, mi tierra: sus laderas, sus perros ociosos que ladran al paso de un automóvil o sus crepúsculos melancólicos son míos también. A veces, por azar, dos de esos mundos resultan confrontados y uno intenta, sin fortuna, serviles de puente”.

Esto lo escribió el colombiano Plinio Apuleyo Mendoza para evocar una noche en la que llevó a un amigo paisano suyo a comer croissants de chocolate a las 3 de la madrugada en la capital francesa y el visitante rechazó la oferta y  le dijo: “Yo lo que quiero es comerme una yuca”. ¿Cómo explicar ese tubérculo a las parisinas que los acompañaban?

Así me ha pasado al intentar describir qué es una arepa, una hallaca o un bollito de maíz tierno. Explicar a qué sabe el queso guayanés, una cachapa o una polvorosa de pollo. Aquí en la universidad tuve que escribir de gastronomía y yo le decía al profesor: “Es que no cocino, no sé de ingredientes, porciones y cocción”. Él me respondía muy seriote:  “Usted no cocina, pero come. Así que escriba y haga que sus compañeros y yo, que nunca hemos visto esos platos, sintamos ganas de comerlos”. No sé si lo conseguí porque aquellos textos los hice a regañadientes y esa es casi la peor manera de rasgar las teclas del ordenador. Sin embargo,  ayer me escribió una madrileña  ex compañera de clases para decirme que había tropezado con un restaurante venezolano y que entró con su familia.

“Comimos  las cachapas y ese queso de tu tierra del que siempre hablabas. Lo que me apunté fueron los tequeños, qué ricos. ¿Cuándo quedamos para nos los prepares?”, escribió la muy ingenua criatura que no se quiere enterar de que frente a los fogones tengo poco que hacer.

Con ese texto suyo sentí que se mezclaron los mundos y agradezco que se haya desarrollado tanto la hostelería venezolana en España y especialmente en Madrid. Así, cuando tenga que explicar qué es una “pelúa”, los mando para estos locales y listo. Agradezco que estén mostrando y divulgando todo sobre la comida con la que crecimos.  Agradezco poder tomarme una chicha, o un toddy, o comerme un pabellón  y que puedo además llevar a mi novio y a mis amigos españoles y de otras nacionalidades  a que los prueben.  ¡Qué suerte! 

Mis sitios recomendados para comer venezolano en Madrid: 




1 comentario:

  1. Los nombres de los locales no tienen desperdicio... :)
    Besos y salud

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