lunes, 20 de febrero de 2017

Hay que cumplir


 Briamel González Zambrano

Durante la rebeldía de la adolescencia le decía a mi madre en tono socarrón: "¡No te pierdes un funeral! Estás en lo tuyo. Lo que te encanta". Y ella, airada, me respondía: "No voy a un bingo bailable, ¿oíste? ¡No seas falta de respeto! Y métete algo en la cabeza: En esta vida hay que cumplir con los amigos, con la gente que a uno le da cariño. En las buenas y en las malas. Que no se te olvide" y se señalaba insistente la sien con el dedo índice. 

Yo de verdad pensaba que disfrutaba de esas tardes de calor, misas y llantos. Lo creía por verla tantas veces sacar ropa oscura y acudir con mi papá a la funeraria y volver comentando que había saludado a los deudos y quiénes estaban. Sin embargo, los años me han hecho comprender que no había encanto y que mi madre no acudía ni acude de plañidera, sino, como ella dice, por la firmeza de su convicción de cumplir con los afectos. 

Esta semana  le he tenido que pedir que fuera al sepelio del padre de una amiga de la infancia en mi natal Puerto Ordaz. Me parecía que era la única forma en la que yo podía estar presente a pesar de la distancia. Mi madre acudió rauda. Abrazó a mi amiga de mi parte. Saludó a viejos conocidos. Al volver a casa me dijo: "¿Viste que hay que cumplir, no? ¡Ahh bueno!" Y ahí está ella cumpliendo por mí en un país que el duelo te recuerda que tus amigos están lejos, pero te abrazan a través de sus padres.





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