jueves, 20 de julio de 2017

Mi versión del 16J en Madrid


Briamel González Zambrano 

Yo no tenía ánimo. Lo confieso. No le veía asidero ni propósito ni nada a la consulta del 16J. Las semanas previas, en medio de tanto ruido y cadenas telefónicas, me pareció que sería una pataleta de ahogado y que no tendría ninguna consecuencia ni dentro ni fuera de Venezuela. “¡Qué mala tripa contigo. No parecen cosas tuyas!”, me dijo una amiga caraqueña. Y yo,  contradiciéndome, pensé que tenía que ir a votar, aunque fuera sin ganas. Porque siempre lo he hecho, porque había que expresar de alguna manera todo lo que siento. Así que con mi desaliento a cuestas me preparé para ese domingo.

La primera expedición fue buscar y encontrar la cédula. Confinada entre papeles que solo utilizo cuando viajo a Venezuela, ahí estaba. Con esa foto horrenda de mi cara de madrugonazo y gestiones de hace ocho años, antes de irme del país. Coordiné todo. La cédula preparada, el agua, el abanico y mis atuendos venezolanos para ponérmelos al día siguiente. Puse el despertador a las 11:00 a. m. para ir al mediodía a votar con tranquilidad. ¿A quién quería engañar? Siempre voy muy temprano a las elecciones y mi cuerpo me despertó a las 7:00 a. m. Así que me duché, desayuné y salí hacia la Puerta del Sol.

En ese punto tan turístico de la ciudad, a esa hora los venezolanos coincidíamos con las palomas en la fuente, con algunos españoles que seguían de marcha y de resaca y con dos furgonetas de la Policía Nacional. Había también una enorme bandera de Venezuela y de fondo, en el Ayuntamiento, un cartel que decía: “XX ANIVERSARIO DE MIGUEL ÁNGEL BLANCO: Madrid no te olvida”, en recuerdo al concejal del Partido Popular asesinado por la banda terrorista ETA.

Voté en menos de dos minutos. Vi a compañeros de la asociación Venezuelan Press. Conversamos. Me pareció todo muy organizado y cívico. Tan estimulante. Sin militares, sin Plan República, sin máquinas. La gente votaba y se quedaba a ver el proceso. A escuchar el acento de sus compatriotas y a hacer fotos de casi todo. Allí estuve hasta las 9:30 a. m. Luego me fui en metro a la plaza de Colón, que estaba acordonada y rodeada de voluntarios que guiaban a los electores durante todo el proceso bajo el inclemente sol del verano madrileño. Esta gente hizo un trabajo invaluable, de mucho esfuerzo, horas y calor. Un ejercicio de ciudadanía. Había punto de incidencias electorales, de primeros auxilios, de recolección de data, de acreditación de prensa. Todo organizado con mucho detalle.

Cuando llegué estaba votando Boris Izaguirre y causó el revuelo que corresponde a un personaje de su fama. Él lucía sonriente, contento, mientras declaraba feliz para las cámaras. También pasaron a votar Miguel Henrique Otero, Mitzy Capriles de Ledezma, Carolina Adriana Herrera y otras miles y miles de personas anónimas que acudieron con compromiso, ilusión, alegría y fuerza. Vi a amigos queridos, a conocidos con quienes hacía mucho tiempo no coincidía.Vi gente en silla de ruedas, con muletas, diabéticos, recién operados que no le temieron al sol ni al calor y que acudieron con una sonrisa.

Yo, que no tengo remedio, me contagié de la energía reinante, de la emoción de todos, de las ganas de un país bueno, próspero, con oportunidades para todos, con esperanza. De eso era de lo que se hablaba ese día. De cómo haríamos para aportar a la reconstrucción. En la sala de prensa era un no parar, escribiendo notas y pasando fotografías de la jornada. Mi profesor Max Römer, presente también, me dijo: “Debemos tener claro que esto es un espaldarazo moral y que sus consecuencias las veremos en los próximos días”. Y vaya golpe de efecto, vaya abrazo colectivo que nos dimos entre siete millones de venezolanos.

No sé qué pasará, no sé qué nueva maniobra inventará el Gobierno. Hoy hay un Paro Cívico Nacional que al parecer se está cumpliendo, pero no tengo idea de si al Ejecutivo le importará o dirá que todo estuvo normal. Lo que les puedo decir es que, en efecto, hay un país y unos ciudadanos dispuestos a luchar donde sea por volver a la democracia y que esta jornada de hace cuatro días nos sobó el alma y nos dejó un sabor fortísimo de esperanza.  No permitamos que ningún uniformado y sus bombas nos la arranquen. Que nuestra venganza sea tener ilusión y ganas. 

¡Gracias! ¡Muchas gracias!

¡Nunca votar había sido así de emocionante!

La Puerta del Sol se vistió de Venezuela
PS: Pincha aquí para ver los vídeos y la participación en Madrid



2 comentarios:

  1. Yo no pude votar, cuando gestioné mi pensión venezolana, desde aquí en España, hace ya como 11 años, me pidieron la cédula de venezolano y no recuerdo que mas papeles, eran bastantes, nunca me devolvieron mi cédula y nunca he cobrado la pensión, que si me concedieron, pero nunca me han pagado en todos estos años, creo que se cumplió mi deseo de que Chávez usara mi dinero para medicinas...
    Besos y salud

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  2. No pierdas la esperanza amiga. Nunca, nunca. Esto es una de las únicas cosas que podemos hacer los que estamos fuera. Besos

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