sábado, 7 de octubre de 2017

Michelle Roche: “Me salvé del acoso escolar por ser lectora"

Briamel González Zambrano


Michelle Roche Rodríguez / Foto de Gabriel Osorio


A Michelle Roche la conozco desde que estábamos en cuarto año de carrera en la UCAB en Caracas, cuando empezamos a estudiar la mención Periodismo y éramos unas veinteañeras de principios de siglo. Desde ese entonces somos amigas. Ella me llama “Negra” (como muchos de mis amigos) y yo a veces la digo Michi o su variante MichiRoche. En aquella época universitaria íbamos a la playa con nuestros compinches y Michelle se aparecía con una pamela grande y un estuche repleto de todo tipo de potingues y refinadas cremas para cuidar su blanquísimo rostro. A mí me parecía aquello una hipérbole. Ella me replicaba con esa manera sentenciosa que a veces suelta: “¿Te crees que esa piel estupenda de negrita te va a durar toda la vida? ¡No te la cuides para que veas! ¡Hablamos a los 40!”. Y bueno, no tenemos los 20x2 pero estamos muy cerca. ¡Y nos vimos!¡Vaya si nos vimos!

Michelle se ha convertido, como era muy predecible, en una escritora y crítica literaria. Desde febrero de 2015 vive en España y dedica sus días a investigar, leer y escribir sobre temas de género, del marianismo (la concepción de la Virgen María y cómo este influye  en las mujeres y su postura ante la vida) y de la familia como cosmos identitario del individuo que lo enfrenta al mundo.

Este año se ganó el premio Francisco Ayala por su colección de cuentos “Gente Decente”, editado solo en digital por Musaalas9. Acabo de leer el libro y por eso la invito a casa para hablar de la obra, de su literatura, de España y, cómo no, de Venezuela.

Pongo un disco de Frank Sinatra en un volumen bajito, casi susurrante, para que recordemos cuando ella vivía en Nueva York y recibía visitantes venezolanos en su piso (siempre y cuando le llevaran una paca de cigarrillos Belmont). Ahora no fuma y corre cada mañana para alborotar sus endorfinas y sentarse a escribir.

Llega vestida de negro cerrado (como casi siempre), pendientes de pedrería,  grandes y bellas gafas de sol, un bolso enorme donde parece cargar una oficina entera. Trae además una bolsa de palmeritas con chocolate y solo acepta que le ofrezca agua. Tiene alergia por unas reformas que hay en su edificio y el polvillo le ha alborotado la nariz. Lo comenta casi como una advertencia.

Antes de encender el grabador hablamos como unas pericas, como corresponde a dos amigas. Pasea por mi piso, me comenta sus observaciones, le gusta la pequeña terraza, luego pasa al salón y  se sienta en posición de entrevistada.

Le digo que empecé a leer su libro no con la mirada de una amiga, sino con mucha curiosidad, sin saber muy bien qué me iba a encontrar. “¡Lo que leí me sorprendió. Lo que hallé fue sorpresa!”, le comento y ya le saco la primera sonrisa.

¿Por qué “Gente Decente”?
En nuestro país ser gente decente es el status quo, el deber ser. A uno lo crían para ser gente decente, para mejorar social y económicamente. Este libro va de ocho cuentos de familia. La familia es tu primer encuentro con el otro, con el exterior y es por ende lo que perfila tu ser, es tu carnet de identidad, tu carta de presentación , la forma en la que existes tú en el mundo.  De las ideas que esta familia maneja se va a moldear tu vida.
Gente decente es el objetivo, la aspiración a reunirse con cierto tipo de gente que se parezca a ti y a tu familia. En el sentido de que sean trabajadores, buenos, exitosos.
Y en Venezuela vimos un cambio, llegó el discurso social en desarticulación que emerge con el chavismo.  Emerge toda esta masa de seguidores de Chávez y luego se genera el movimiento a su alrededor. Me estoy  refiriendo al discurso del resentimiento. La pregunta que tengo yo es:  ¿Esa gente entonces no era decente?
En el momento que te toca pasar de adolescente a adulto y tener criterio y analizar de dónde venimos, a mi generación le tocó ver y vivir una realidad totalmente distinta a donde creciste.  Un país que afloraba con otros valores que no sabíamos de dónde habían salido.

Albúm de Familia fue tu primer libro. Ahora Gente Decente…¿Vas a construir tu literatura sobre ese tema, la familia como núcleo?
El próximo libro que viene son diez cuentos de historias de mujeres.  De las relaciones de las mujeres con el mundo. Hay cosas en común entre Albúm de Familia y Gente Decente. Lo que trabaja Gente Decente es el individuo contra la familia y lo que trabaja Album de Familia  es el individuo contra la nación. La formación de la identidad individual y nacional. Ese es el  paralelismo de los dos libros. Se soportan sobre la identidad y hay otra ala sobre la que trabajo…

¿La mujer?
Sí. En el ensayo Madre mía que estás en el mito donde expongo la visión de la virgen María, con el marianismo, la noción el mito de María católica creó una estructura y un lugar de la mujer basado en una tipa hecha para el sacrificio, aunado esto a la poética del sufrimiento del catolicismos barroco. España e Hispanoamérica celebran el sufrimiento. Determina que la mujer se sacrifique tanto por la pareja, como por el hijo, como por el hermano. Sobre la mujer recae una serie de responsabilidades que no le van a permitir su desarrollo y su verdadera realización. La otra ala que yo trabajo de la identidad femenina confrontada con el mito.

Esto aparece en el cuento “Días de fertilidad” en Gente Decente. Una pareja que se lleva bien y de pronto se encuentra con el tema de no poder concebir…
Sí. Además está narrado desde la voz del marido. Me gusta trabajar las imágenes. La manera en que estos cuentos pasan de ideas a asuntos publicables en forma de cuentos es el trabajo del símbolo.

Los cuentos de Gente Decente llevan diez años escribiéndose. ¿Por qué tanto tiempo?
Los cuentos “Lata de Galletas”, “La Negrita” y “Lengua Viperina” fueron escritos desde Caracas. En efecto, llevan casi diez años mutando. Los otros se empezaron y acabaron en Madrid. Se han tomado el tiempo de hacerlos, encontrar editorial y el momento adecuado.

Me sorprende mucho que esos tres cuentos, que son mis favoritos, sean justo los que escribiste en Caracas…
¡Imaginate!  (ríe suavemente).

Luego está  “Mamadoras de Gallos”.  El jurado del premio Francisco Ayala dijo que solo por ese cuento te merecías el galardón y a mí me generó mucha expectativa. Es muy curioso como a partir del acoso escolar expones varias capas de la sociedad venezolana. ¿Michelle Roche padeció acoso escolar?
No, yo me salvé porque era lectora. Me salvé de dos cosas: de la presión religiosa (estudié en un colegio del Opus Dei, en donde insistieron, pero no se me hizo inmanejable) y me salvé del acoso escolar porque yo estaba siempre en una esquina leyendo.
Creo que el acoso en el colegio de mujeres se articula por asuntos de ficción de la feminidad: la bonita sobre la fea, la ennoviada con la que no tiene novio, la hacendosa sobre la que no lo es, la que se mueve en ciertos círculos... Yo no encajaba en nada de eso. A mí me dejaban tranquila.

¿Y el cuento “Mamadoras de Gallo” nació de esas escenas que veías en el colegio?
No. Un amigo me comentó que a su hija la acosaban en el colegio y que él no sabía cómo afrontarlo. Yo tengo un problema con la victimización de las personas, así que le dije que lo peor que podía hacer es convertir a tu hija en una víctima. Le dije que lo lógico era que su niña les pegara, que se defendiera, que no se dejara maltratar.
(Michelle se hunde sus uñas rojísimas en sus mejillas, como sosteniendo su cara y reforzando su afirmación. Un gesto que repetirá a lo largo de la conversación).

El acoso escolar existía cuando éramos pequeñas, pero no se le llamaba así. Ahora tiene consecuencias muy graves y se pueden hacer muchas más cosas para prevenirlo…
(Me interrumpe). El acoso va a existir mientras exista el poder y el poder siempre va a existir. El acoso escolar de hoy es el acoso político de mañana.
Yo no sufrí acoso, pero te puedo decir que tengo un resentimiento muy grande por haber sido criada en un colegio religioso que me hizo perder un tiempo que yo necesitaba para aprender idiomas, para salir del país, para hacer cosas… Si hubiera estudiado en el Humboldt a lo mejor ahora mismo estuviera en la cobertura de la campaña de Ángela Merkel (se ríe, me río). No sé esas fantasías que tiene uno...

Pero al final el destino es lo que es. Si no hubieras ido a ese colegio, ¿de dónde te hubiera salido escribir del marianismo, de la mujer, de la familia?
Si, supongo que de ahí me viene el símbolo y lo que trabajo tanto académicamente.

¿Qué estás escribiendo ahora?
(Suspira). Lo próximo que viene es un libro de historias de mujeres. Además estoy reescribiendo una novela por tercera vez. Está ambientada en los años veinte en Venezuela y es una familia de enchufados de la dictadura de Juan Vicente Gómez.
Me mantengo ocupada actualizando a diario Colofón, mi revista digital de literatura. También estoy haciendo la tesis del Doctorado en Estudios Interdisciplinares de Género del Instituto Universitario de la Mujer (adscrito a la Universidad Autónoma de Madrid).

¿ Te apetece seguir en España?
Estoy trabajando para quedarme. Le tengo que agradecer mucho a este país. Ya he publicado dos libros. Me he  metido en los círculos literarios que me interesan. Aquí es muy amplio el mundo de la literatura y puedo reunirme con gente cuyo trabajo me gusta o que hace cosas parecidas a las mías con quienes comparto maneras de ver la vida y de ver lo que está pasando.

¿Cómo ve una escritora venezolana a España?
Yo pienso que los españoles son mucho más parecidos a nosotros de lo que a ellos les gustaría.  (Risas.) Yo me siento muy bien en Madrid. Me gusta mucho esta ciudad.  Creo que estamos en un momento en el que se están abriendo las puertas para grandes cambios que no vamos a ver de aquí a diez o quince años.  Veo con preocupación la polarización porque vengo de un país altamente polarizado. No soy partidaria de comparar una situación con otra, pero me preocupa ver ciertos extremismos.
Los españoles son horizontales, reídos, cercanos, también son personas que toman decisiones muy rápido, que convierte las discusiones en algo muy superficial muy rápido. Hay muchos detalles en los que se nota que somos primos cercanos.

Viviste cuatro años en Nueva York y ahora llevas dos en Madrid ¿Cuál es la diferencia de migrar a Estados Unidos y migrar a España?
En Nueva York la gente no tiene amigos, tiene contactos. Yo viví cuatro años y cuando me fui no tuve grandes pérdidas afectivas. Me quedaron un par de amigas del máster. En cambio, cuando yo venía de visita a España ya tenía amigos. Yo llegué aquí ya con una red de amigos no solo venezolanos sino también españoles y de otras nacionalidades. He hecho además nuevos amigos. Aquí es más fácil acercarse al otro.

No tiene que ver con la lengua porque ya eras bilingüe cuando te fuiste a Nueva York…
No, no es la lengua. Es lo que esperan de la vida. Al español le gusta vivir. Al estadounidense le gusta tener. Es otra mentalidad. Tienes que estar aquí para comprender, entender y hacerte a esta manera de vivir. Yo la disfruto muchísimo. No depender de tener carro, tomar algo por ahí entre semana y no gastarte un dineral, ir a ver museos, teatros y que haya funciones de todo tipo y además gratuitas. Quedar siempre con amigos. Es estupendo.

¿Hay algo más que quieras comentarme?
Nooo, chama. ¡Yo estoy agotada, déjame ya!
(Reímos las dos.)

Coordenadas:
Michelle Roche:
Twitter: @michiroche 






1 comentario:

  1. Claro, muchísimo mas parecidos de lo que ellos y ella creen...jajajaja
    Lo cual, a nada que se piense un poquito no es de extrañar para los que vivimos en los dos lados del charco muchos años... :)
    Y eso es para bien, para mucho bien... :)
    Besos y salud

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