jueves, 13 de junio de 2019

Un lugar reconocible

Briamel González Zambrano

Salí esta semana con una pareja de amigos y ella me decía que lleva siete años en España y nunca ha vuelto a Venezuela. Que echa de menos muchas cosas y que iría mañana de visita si las circunstancias se lo permitieran. Su marido, en cambio, negaba con la cabeza y dijo:

.-¿Cómo vamos a llevar a nuestros hijos para allá? ¿Cómo vamos a pasar nuestras vacaciones en un lugar donde no hay agua, no hay electricidad, no sabes cuánto cuestan las cosas, no hay seguridad ni comida? ¿Cómo vamos a ir a un sitio donde no funciona la sanidad? Un lugar de donde la gente sale caminando por la frontera porque no aguanta más. Hay que dar margen para que todo mejore un poco y entonces vamos.

Ella respondió:

.-Se nos van pasando los años dando ese margen y yo lo que quiero es abrazar a mis padres y a mis hermanos.

Yo, que estoy de acuerdo con el marido, me quedé conmovida. Estuve pensando en toda la gente que vive esa saudade perenne, esas ganas de abrazo apretado, ese duelo de no entender del todo qué hace tan lejos de su casa,cuando allí están sus familiares más queridos y su corazón sigue latiendo a la mitad.

En breve cumpliré cuatro años sin ir al país. En este tiempo han pasado tantas cosas que creo que si fuera hoy una buena parte me resultaría desconocida, como un tío muy querido al que llevas años sin ver y te sorprenden los cambios que la edad ha hecho en su físico. No entiendo la moneda, ni he visto nunca los billetes nuevos, no sé cuánto valen las cosas, no he visto en directo las colas para la gasolina, la delgadez de todo el mundo, las yincanas para comprar comida o medicamentos, la falta de suministro eléctrico. "Aunque lo veas en las noticias, una cosa es leerlo y otra vivirlo", me repite mi madre.

Otra amiga fue en marzo a Caracas en medio de los apagones y volvió tan espantada que dice que no regresará jamás, que no comprende la ciudad (como si alguien la comprendiese), que no entiende el funcionamiento de nada, que pasó días sin poder salir de casa por la falta de agua y luz.

¿Cuánto nos han desdibujado al terruño a quienes nos fuimos y a quienes siguen allí? ¿Cuánto lo han destruido? Me da por voltear las preguntar y pensar: ¿Qué aspectos de la vida no ha tocado la demolición nacional? La respuesta sale sola aunque no aplique para todos: A los afectos más profundos. Ese es el lugar reconocible, fulgurante, espacioso, inmenso.  Por ellos, hay quien siempre tiene ganas de volver de visita sin importar las penurias. Esa es la fuerza más poderosa, la del amor.




Texto recomendado:

El Apagón, un podcast de Radio Ambulante.









2 comentarios:

  1. Si, así es...
    Que tristeza siento cuando leo estas cosas, es difícil asumir que se habla de la Venezuela en la que me crié… :(
    Besos y salud

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  2. Querida, volver también da miedo. Yo viajaré el sábado y estoy aterrada.
    Te comparto el blog que decidí iniciar justo hoy, besos
    https://familiademigrante.blogspot.com/

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